
La historia local ha sido, durante mucho tiempo, y en particular en el siglo XIX, la pariente pobre de la disciplina. Es cierto que, con frecuencia, los trabajos relacionados con la historia local, aparte de tener un contenido claramente apologético, solían consistir en un amasijo de datos y de fechas, sin orden ni concierto. Por otra parte los cultivadores de esa parcela de la historia tenían por costurmbre utilizar a los núcleos locales como simples escenarios por los que pasaban los grandes personajes. No obstante, en el siglo XX el panorama experimentó un cambio radical. Lo local podía constituir un excelente observatorio para analizar la evolución general de la sociedad. Pasos importantes en ese sentido se dieron en diversos países europeos, como la Gran Bretaña o Francia. España no escapó a esa corriente. Un ejemplo paradigmático de trabajo de proyección local que mereció las mayores distinciones académicas lo fue la obra del profesor francés Bartolomé Bennassar Valladolid en el Siglo de Oro. El autor se limitaba a un núcleo concreto, la villa de Valladolid, al tiempo que se apoyaba, ante todo, en las fuentes locales. Pero el producto final era un libro espléndido, en el que el análisis de la mircrosociedad vallisoletana servía de contrapunto a la macrosociedad castellana de la época. En esa línea se sitúa el trabajo de Juan Cuéllar Lázaro. El autor, que fue un brillante alumno en los años en que cursó en la Universidad de Valladolid la Licenciatura de Historia, ha decidido ahondar en un pequeño núcleo de población de la provincia de Segovia, Fuentepiñel, perteneciente a la histórica Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña.
Regresar al índice