VISITA
A LA CIUDAD
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EL ACUEDUCTO |
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MIRADOR Y CASA DE LOS PICOS |
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PLAZA DE MEDINA DEL CAMPO |
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LA CARCEL REAL |
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LA PLAZA MAYOR |
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LA CATEDRAL |
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MUSEO DIOCESANO |
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EL ALCÁZAR |
El
Acueducto romano, el monumento más emblemático de la ciudad,
traía agua desde La Acebeda (17 Kms), y atravesando la ciudad llegaba
hasta el Alcázar. Su solera -las hipólesis apuntan al siglo
I, en la épóca de los Flavios, y tamhién a la época
de Nerva o Trajano- no impide que encabece la clasificación de mejores
obras de ingeniería civil en España. Sus 166 arcos de piedra
granítica del Guadarrama están contituidos por sillares unidos
sin ningún tipo de argamasa mediante un ingenioso equilibrio de
fuerzas.
Obra extraordinaria, en la que la utilidad convive con la armonía y la belleza. ha prestado servicio a la ciudad hasta fechas recientes A través de los siglos apenas ha sufrido modificaciones; sólo durante el ataque contra Segovia dirigido en 1072 por el musulmán AI-Mamún de Toledo sufrieron deterioro 36 arcos; los daños fueron restaurados en el siglo XV.
Desde anliguo, existen dos hornacinas que probablemente protegían a dioses paganos, sustituidas en tiempo de los Reyes Católicos por las imágenes de San Sebastián y de la Virgen. Bajo las hornacinas existió una leyenda en letras de bronce, relativas a la fundación del puente, de la que hoy sólo queda el rastro de la inscripción.
La calle principal de la ciudad, por la que subimos hasta la Plaza Mayor -Calle Real- es la de más tránsito y comercio. Partiendo del Azoguejo está dividida en los siguientes tramos: Cervantes, Juan Bravo, plazuela del Corpus e lsabel la Católica. Arteria principal de la ciudad recoge un interesante conjunto arquitectónico que partiendo de los siglos XV y XVI llega hasta comienzos del siglo XX.
La
primera parada es el Mirador de la Canaleja desde el que se contempla la
montaña de la Mujer Muerta y el Barrio de San Millán- A pocos
metros está La Casa de los Picos. El edificio perteneció
a Juan de la Hoz, quien le añadió a la fachada los picos
para cambiar el carácter de la casa, que era conocida como la Casa
del judío o Casa del Verdugo. A su lado se abría la Puerta
de San Martín, destruida en 1883. Junto a este edificio el visitante
curioso puede asomarse al patio de columnas renacentistas del Palacio de
los Torreagero de los siglos XV-XVI- Su estructura -tres lados porticados
y uno sin columnas- es tipica de los patios de la ciudad.
Continuando la Calle Real, en la pequeña Plaza del Platero Oquendo se alza el Palacio del Conde Alpuente, de fines del siglo XV. Además de sus delicadas ventanas de estilo gótico flamigero destaca su esgrafiado. Siguiendo por la callejuela, La Alhóndiga, edificio del siglo XV que fue almacén de cereales pósito municipal. que conserva su estructura funcional; reconvertido hoy en Archivo Municipal y sala de Exposiciones.
De vuelta a la Calle Real aparece la deliciosa Plaza de Medina del Campo, conjunto arquitectónico con una configuración en niveles que recuerda a las plazas italianas por sus elegantes edificios. Preside la Iglesia de San Martín. El espléndido templo, un compendio del románico castellano, está definido por un triple atrio de columnas dobles -acogedor lugar de reunión en ciudades frías- tres ábsides, una torre mudéjar y un cimborrio. Especial interés poseen los capiteles labrados y las cuatro estatuas columnas de la fachada. En su interior se puede contemplar un Cristo yacente atribuido a Gregorio Hernández y dos magníficos trípticos hispano flamencos. Pero hay más detalles especiales en la Plaza de Medina del Campo, habitación de juegos para los segovianos cuando, con el buen tiempo, los bares y restaurantes extienden sus terrazas animados por los conciertos de jazz, música popular o títeres. En la Plaza se hallan la Casa Solier y la Casa de Bornos, ambas del siglo XVIl precedidas por una fuente con figuras de leones y niños. Junto a ellas aparece el Torreón de Lozoya (s. XIV), altiva torre rectangular de tipo defensivo. Su interior embellecido por dos patios renacentistas, ha sido reconvertido en centro cultural.
La Casa del Siglo XV conocida como Casa de Juan Bravo y la Casa de los Mexía Tovar son otros ejemplos de los palacios que configuran esta plaza.
Una estatua de Juan Bravo realizada por el escultor Aniceto Mariñas, situada en el primer tramo de la escalinata y dos esfinges neoclásicas de piedra con cabeza y busto de mujer y cuerpo de leonas culminan la plaza.
En la parte alta de la plaza, en la Calle José Canalejas, nos encontramos con el llamado "Hospital de Viejos" , hoy Museo de Nuestra Señora de la Concepción, con fondos de escultura y pintura pertenecientes a la Diputación Provincial. Al lado norte, se conservan los restos del antiguo Palacio de Enrique IV llamado el Real de San Martín.
Retomando la principal arteria ciudadana y comercial de la capital, a la derecha está la Cárcel Real o Cárcel Vieja, hoy Biblioteca Pública- Utilizada como prisión hasta 1933, en sus celdas estuvo encarcelado el dramaturgo Lope de Vega en 1577-. Su portada está presidida por el escudo de Los Austrias y en el interior existen restos románicos trasladados desde la iglesia de San Mede.
La última parada antes de pisar la Plaza Mayor es la Plazuela del Corpus, dominada por el convento del mismo nombre, antigua Sinagoga Mayor. El edificio, dañado por un incendio en 1899, fue reconstruido a finales del siglo pasado.
La Plaza Mayor es el corazón de la ciudad, fue fruto de la política urbanística del siglo XVII- Denominada Mayor desde 1461. Fue el hundimiento en 1532 de la iglesia de San Miguel, que estaba situada en la zona central y fue reconstruida en un lateral, la que propició su diseño actual. La Ordenación trazada por Brizuela en 1623, está dominada por la presencia del Ayuntamiento (1610), con fachada de granito, torres con chapiteles de pizarra y reloj con campanas.
En la plaza con soportales y decorada por un kiosco de música se ubica el edificio del Teatro Juan Bravo (1917), punto de encuentro de la vida cultural de la ciudad. Junto a él la Iglesia de San Miguel, de estilo gótico, con elementos románicos del primitivo templo en cuyo atrio se celebró la proclamación de Isabel la Católica como Reina de Castilla en 1474.
Casas construidas en los años 20 y 30 rodean el perímetro de la plaza y la conceden un perfil regular y agradable. Destacan los pináculos del ábside de la Catedral, punto de reunión vespertino de las cigüeñas. De estilo gótico tardío comenzó a construirse, con la colaboración desinteresada de los segovianos, en 1525, por la familia Gil de Ontañón, tras quedar destruida la Catedral Vieja -situada en los actuales jardines del Alcázar- durante la Guerra de las Comunidades entre 1520 y 1521. En su exterior al oeste la fachada principal, conocida como Puerta del Perdón, junto a la que se extiende el Enlosado, un espacio utilizado para actividades culturales; la Puerta de San Ceroteo, primer obispo de Segovia, al sur y al norte la Puerta de San Frutos, construida en honor del patrono de la ciudad a principios del s. XVII .Otro foco de interés es el ábside, que linda con la Judería Vieja, aderezado por contrafuertes y pináculos del gótico florido, de piedra caliza.
La grandiosidad y armonía de dimensiones define el interior.
Observación pausada merecen las vidrieras (s. XVI), el Retablo Mayor dedicado a Nta. Sra. de la Paz (s. XIV), la sillería del coro (fines del s. XV) procedente de la Catedral Vieja, los bellos órganos barrocos, la rejería o el trascoro neoclásico que guarda la urna de la reliquia de San Frutos. Se recomienda la visita a las capillas que se encuentran en la girola y en las naves laterales, con importantes pinturas y esculturas. Un claustro, de la escuela de Juan Guas, precede a las salas del Museo Diocesano, que cuenta con piezas de orfebrería, pintura, escultura. etc… Destaca la colección de tapices de Bruselas del s. XVIIl que cubre los muros de la Sala Capitular. El Archivo Catedralicio conserva más de 500 incunables, entre ellos el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.
Frente a la Catedral. se alza el Palacio del Marqués del Arco (s. XVI) con un precioso patio renacentista. Más adelante aparece el antiguo Corral del Mudo, uno de los últimos vestigios de los corrales de los barrios judíos, que acoge un caserío tradicional de arquitectura de ladrillo con entramado de madera.
Casas nobles con esgrafiados y bonitos patios nos acercan hasta la Plaza de la Merced, con la iglesia románica de San Andrés, rincón típico de la ciudad y espacio verde que invita al descanso. En el último tramo hasta llegar al Alcázar, atravesamos el barrio de Las Canonjías.
El perfil del Alcázar aparece como un buque imaginario sobre el tajo en el que confluyen los ríos Eresma y Clamores, festoneado por el escenario de ocres y azules de la llanura y la sierra. Le anteceden unos cuidados jardines con la estatua de los héroes de la Guerra de la Independencia Daoiz y Velarde, obra del escultor segoviano Aniceto Marinas. A la izquierda la Casa de la Química, construida en la época de la Ilustración y centro de investigación de Louis Proust.
A ambos
lados del castillo se nos ofrecen espléndidas vistas del Pinarillo
(con el cementerio judío) y la Iglesia de la Vera Cruz y Zamarramala.
Un profundo foso con puente levadizo abre paso a una fortaleza de ubicación
privilegiada, posiblemente habitada desde la época celta. El castillo,
convertido en Alcázar -residencia real- en el s- XIII, adquirirá
su fisonomía gótica en los tiempos de Juan II y Enrique IV.
Su restauración ha sido continua tras un grave incendio ocurrido
en 1562 y que a punto estuvo de destruirlo definitivamente. Sin embargo,
en 1552, reinando Alfonso XII, se inició su reconstrucción,
ya nunca abandonada por el Patronato del Alcázar, que ha ido restaurando
artesonados, frisos, retablos y muros.
En la silueta del monumento destaca la torrecita de Alfonso X El Sabio, en el ángulo norte, desde la que este monarca estudiaba el firmamento y la torre de Juan II, de 80 metros de altura, con bellos esgrafiados y doce torrecillas adornando su volumen. A través de una empinada y extenuante escalera de caracol, el visitante puede acceder a la parte superior de la torre, desde donde se divisa una bellísima vista de la ciudad, así como los barrios de San Marcos y Zamarramala y la cantera de la que se extrajo parte de la piedra empleada en la construcción de la Catedral.
En el interior y alrededor del Patio de Armas -marco habitual de conciertos de música de cámara- y del Patio del Reloj se sitúan las estancias. A la izquierda están las salas dedicadas al Colegio de Artillería; a la derecha, el Palacio de los Reyes de Castilla, núcleo principal del edificio. Sobresalen por su belleza la Sala de Ajimeces, con retratos de reyes y armaduras; de la Calera, con vidrieras modernas realizadas por el artista segoviano Carlos Muñoz de Pablos; del Trono -con una llamativa cúpula mudéjar, de la Chimenea; del Cordón; de las Piñas, con un artesonado formado por 92 piñas doradas; la Cámara Regia; Tocador de la Reina y Capilla, con un lienzo de Bartolomé Carduccio, entre otras estancias. De todas ellas, destaca la Sala de Reyes con un extraordinario artesonado de hexágonos y rombos dorados y un original friso en el que 52 imágenes policromadas y sedentes representan a los Reyes y Reinas de Asturias, León y Casti1la desde Don Pelayo hasta Juana la Loca.