| Entrevista a Juan Formell. |
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Juan Formell ha revolucionado la música popular cubana. Sus inquietudes musicales le hicieron incorporar innovaciones a la música cubana que luego ha llevado con su orquesta Los Van Van por todo el mundo. Los arreglos y los temas de sus canciones, siempre próximos al pueblo cubano, aseguran conciertos multitudinarios en la isla donde son los líderes indiscutibles. Sin embargo toda esta experimentación, innovación e incorporación de jóvenes componentes en su orquesta no le ha hecho perder ni un ápice de la esencia del son.
Conversamos con Juan Formell en un céntrico hotel madrileño compartiendo un café a media tarde.
Entrevista realizada el diecinueve de julio de 2006 en
Madrid.
Felipe Ortiz: ¿Cuál es la importancia que tiene el son que siempre se encuentra presente en tus composiciones?
Juan Formell: En Cuba hay muchos géneros musicales, hay una diversidad de géneros musicales grandísima. Pero yo pienso que el son es como el común denominador entre todos los que hacemos esta música. Así tú estés tocando a veces una rumba, un guaguancó, siempre para en un montuno que tiene que ver mucho con el son. El son yo creo que es el centro del género musical mas importante que ha dado Cuba en toda la historia de la música cubana. La guaracha es en definitiva un son, esta el son montuno, la guajira. Todo eso tiene que ver con el son. Yo me crié oyendo a Chappottín, oyendo son, oyendo prácticamente a los grandes, a Beny Moré. Para mi el son es como respirar. Yo hago son porque es el género musical que realmente a mi me sirve y me inspira para comunicar.
FO: ¿Cómo has conseguido integrar tantos instrumentos electrónicos con otros tan típicos de la charanga?
JF: Yo empecé con una charanga con los instrumentos amplificados y yo ya tocaba guitarra bajo. Yo entro en la Orquesta Revé tocando la guitarra bajo que en aquella época, en 1967 o por ahí, fue una revolución porque no se había visto el bajo de esa forma de guitarra bajo. Todos los bajistas tocaban el contrabajo. Yo estudié el contrabajo, pero me propuse tocar la guitarra bajo cuando entré en la Orquesta Revé y causó una sensación grandísima. A partir de ahí empezamos a usar una guitarra eléctrica que yo la empecé a mezclar con una flauta, con la flauta típica, y me dió resultado. Después que yo salgo de la Orquesta Revé que hago Los Van Van ya empiezo a pensar en cosas más complicadas desde el punto de vista electrónico. Ya a finales de los setenta es que empiezo a usar los sintetizadores. El sintetizador en definitiva, lo que se me ocurrió fue doblarlo con un instrumento real y todavía en la actualidad hacemos esto. Actualmente los sintetizadores tienen dos funciones. Yo tengo dos sintetizadores en la orquesta. Uno, que lo toca el trombonista Hugo Morejón tiene la función de doblarme, de hacerme un metal más dentro de los trombones. El otro sintetizador hace un contratumbao con el piano pero con sonido tipo tres, reforzando la armonía en general. El sintetizador nosotros le decimos que es como un colchón. Yo lo doblo con la cuerda, con los metales, hago bloques con la flauta y esto no afecta para nada la esencia del son ni el sabor de la música cubana. Para el bailador nunca, en ningún momento lo afectó y es una sonoridad mas agradable, mas contemporánea.
FO: ¿Por qué se te ocurrió introducir los trombones en la orquesta?
JF: Yo entré accidentalmente en la Orquesta Revé y ya encontré una orquesta típica con tres violines, una flauta incluso había un chelo, pero después el violonchelista se fue y dejamos de tener el violonchelo. La orquesta típica como estructura tiene planos agudos que son los violines y la flauta, y planos graves que son el piano y el bajo. Ahí hay un hueco y sentía como que me faltaba algo en el registro medio. Y no eran sonidos como hizo Jorrín que utilizó la trompeta en ocasiones. Si yo utilizo dos trombones, empecé con dos trombones, y los meto en el registro central, pero no como usan los trombones los salseros sino con otro criterio, sin molestar a la cuerda, que la cuerda no deje de perder su protagonismo con la flauta para que no se pierda tampoco la esencia de la orquesta típica. Y también me dió resultado. La gente al principio dijo ¡ahora trombones! Pero cuando oyeron el segundo disco, el disco del año ochenta y dos, porque eso fue en el ochenta, ya la gente se enamoró de la orquesta con los trombones. Y hasta la fecha.
FO: ¿Qué concusiones sacaste de tu paso por la Orquesta Revé?
JF: En realidad me encontré con una orquesta que no estaba preparada para mi presencia. Yo venía de un mundo de orquestas de jazz de estos mismos músicos que tú me estabas mencionando. Yo toqué en orquestas muy importantes incluso hice suplencias en la Orquesta de Beny Moré. Yo venía de orquestas de jazz y no conocía la orquesta típica. Me gustaba la Orquesta Aragón pero no había incursionado en una orquesta típica de charanga. Yo al entrar accidentalmente, te digo accidentalmente porque no me lo propuse, y en lugar de yo adaptarme a la orquesta lo que pasó es que la orquesta se adaptó a mi. La orquesta de la noche a la mañana se convirtió en algo extraño. Empecé a utilizar los violines de otra manera, empecé a escribir de una forma que no había escrito nadie, por ejemplo Rafael Lay o Félix Reina con las Estrellas Cubanas. Pero ellos utilizaban los violines de otra manera. Yo rompí con todo aquello y causó sensación. Me dió la posibilidad de hacer un cambio profundo en la música cubana. En Los Van Van ya lo hago más premeditado. Empecé así a corregir defectos que tenía la Orquesta Revé. Heredé una orquesta que no estaba preparada para lo que yo traía. Lo bueno fue que me dió la posibilidad de hacer algo que no estaba entre mis planes, y yo creo que fue bueno.
FO: ¿Qué supuso tu trabajo junto a Elena Burke?
JF: Esa fue la que me abrió las puertas. Yo como compositor y arreglista entré por la puerta grande. Yo siempre toqué el bajo y era un buen contrabajista, estaba entre los buenos. Pero tenía la inquietud de componer y escribir música y Elena me dió la posibilidad. Ella ya era una figura muy importante de la música cubana. Estaba grabando un disco cuando yo le empecé a cantar mis primeros temas Lo material, De mis recuerdos, Un diálogo, que yo empezaba a componer en los años sesenta. Ella se encantó pero ¿y el arreglista? Chica, yo te hago los arreglos. Y también en eso me metí. Entré por la puerta grande.
FO: El hecho de coincidir en los escenarios junto a Rubén Blades e interpretar conjuntamente tu tema Muévete ¿ supuso un impulso?
JF: Yo pienso que si. Rubén ya era una figura establecida muy importante.
Hay anécdotas muy graciosas. La primera vez que nos encontramos fue aquí en España en una gira, estábamos haciendo un festival que había alrededor de diez orquestas. Ponían dos y dos y dos y así. Y nosotros empezamos a trabajar con Rubén Blades, recuerdo que fue en Gijón el primer concierto que hicimos juntos. Yo cierro el espectáculo, dijo. Y cuando terminé de tocar me mandó buscar al camerino y me dijo: a partir de mañana ustedes son los que cierran y yo abro el espectáculo. Porque sintió la fuerza. Me confesó que me conocía, que conocía la música mía. Por el camino estaba el tema que tocábamos ya, Muévete. Me pidió permiso, me pidió licencia para hacerle cambios en el texto. Yo le dije que si. Después yo hice Tierra Dura, un tema de él y nos encontramos mucho en diferentes festivales. Es una gran persona conmigo, muy gentil y muy amable.
FO : Además tenéis en común que vuestras letras tratan de problemas cotidianos de la gente.
JF: Si, son crónicas.
FO :A la hora de componer ¿eres consciente de las limitaciones que hay fuera de Cuba con esos bailes tan sincopados y esas polirrítmias?
JF: En realidad eso puede ser un error pero yo digo que todo depende. En entrevistas me dicen que las letras nuestras son locales. Entonces yo digo que en el cine norteamericano que es el más grande del mundo, cuando te pones a ver una película los temas son locales. Pero locales locales. Te hablan de un lugar específico en un estado de Texas. En la parte musical mi referencia es el público cubano ante todo y el cubano es muy exigente en esto. El cubano si que sabe bailar esa música. Y a partir de los cambios que he hecho la gente ha empezado a bailar de otra manera. El bailador me ha dado referencias a mi y yo le he dado referencias al bailador y eso para mi es haberme realizado en mi trabajo. En Japón o en Italia ya hay muchas escuelas y bailan la música de Los Van Van.
FO: Antes de introducir todas esas innovaciones y experimentaciones, ¿eras consciente de la revolución que iban a suponer en la música?
JF: Lo que me pasó con la Orquesta Revé fue para mi una sorpresa. Lo que si yo sentí con la Revolución, con todas las limitaciones que empezamos a tener con el bloqueo, con el embargo, y de no poder entrar en los mercados del disco, fue el poder ser libre y hacer los discos así ahora y mañana como me da la gana. No estoy obligado por una casa discográfica a que me suenen todos los temas como me sonó Muévete por ejemplo. A lo mejor me hubiese hecho millonario pero me hubiese sentido mal. Yo he podido hacer lo que he querido y experimentar como he querido, hoy toco con tres violines, mañana le meto un trombón. Estamos limitados en muchas cosas comerciales pero la Revolución es la que ha permitido hacer esos cambios.
FO: Quizá si hubieses tenido formación académica no habrías tenido ese espíritu de innovar tanto ¿eso de debe a tu formación autodidacta?
JF: Si, pero mi padre era un músico excepcional, era pianista, director de orquesta, arreglista, escribía para música sinfónica, hizo ballet, tiene muchos premios en la música cubana de la época esa de verdad, como decimos nosotros. O sea que mi formación a pesar de no ser académica es bastante amplia. Después me asesoré también. Mi padre murió en 1964, me dejó con algunas lagunas. Pero después con Rafael Somavilla, con Adolfo Guzmán, con Félix Guerrero, con Leo Brower músicos muy cualificados, directores de orquesta. He ido aprendiendo además de la experiencia de la calle, en medio de la vorágine de la calle.
FO: ¿Hay alguna formación de tu orquesta que sea de tu preferencia?
JF: Todas. Todos los músicos que han pasado por la orquesta y las formaciones. Ahora mismo hicimos un trabajo donde llamé a tocar a Pupy, Changuito estuvo, los primeros violines, el flautista. Yo respeto a todo el mundo. Cada uno jugó su papel en un momento determinado. Esos músicos nos dimos cuenta, incluyéndome, de que llega un momento en el que no aguantas, te agotas físicamente haciendo esos conciertos de dos horas y tanto. Verás que la orquesta esta tocando y yo estoy aquí. Yo me integraré a partir de mañana para tocar tres o cuatro temas. Si Los Van Van estuviesen con Changuito sería muy bonito pero no iban a sonar igual. A la orquesta le hacia falta esa inyección de gente joven, Cucurucho en el piano... Cada cual cumplió su papel.
FO: ¿Continúas pensando en introducir innovaciones en la orquesta?
JF: Yo estoy viendo ahora la orquesta como si fuera un espectador. Yo se lo que hace falta en el momento en que hace falta. Estoy dando la oportunidad a que gente como Samuél, Boris, Cucurucho compongan mas, que arreglen mas, que tengan mas posibilidades con la asesoría mía. Yo estoy desde aquí viendo todo lo que esta pasando. Siempre he sido un músico muy revolucionario mentalmente mirando para adelante siempre. Siento que la orquesta necesitaba incorporar gente joven. Yo sigo componiendo pero no lo hago al mismo nivel desde el punto de vista de la cantidad. De calidad si, en Chapeando hay varios temas míos. Siento como que yo ya no llevo el peso ese. Tengo buena vista para ver cuando algo va a ser revolucionario y va a causar sensación, todavía eso me funciona. Pero yo en mi capacidad de trabajo voy tranquilo, no estoy llevando el peso como antes. A mi me pasaba por ejemplo, cuando se fue Pedrito Calvo todavía en esa época, cuando entró Mayito,momentos así cuando la orquesta caía y había que sacar eso para arriba. Ahí me sentaba a escribir música y hacía seis o siete temas que pegaban. Puedo quizá hacerlo pero no tengo deseos ya a ese nivel. Estoy en un plano ahora de disfrutar con la hija mía.
FO: Gracias por tu atención.
JF: Encantado.
Entrevista dedicada a Graham Martingell, vanvanero empedernido.
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